Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Palabras, palabras, palabras...

Autor

Chemi, 26 años, París

El otro blog -> De todo un poco

Bitácora

Un poco de literatura

Buscar

Últimos comentarios

Sindicación

Añadir a Feedness
RDF XML ATOM

Créditos

Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com

Martes, 24 de enero de 2006

Unas palabras de Hemingway

« Te he visto, monada, y ya eres mía, por más que esperes a quien quieras y aunque nunca vuelva a verte, pensé. Eres mía y todo París es mío y yo soy de este cuaderno y este lápiz »

Ernest Hemingway
París era una fiesta


Ernest cuenta que al poco de estar en París entró en un café de la Place Saint-Michel a resguardarse de la lluvia, que pidió un café con leche -un crème- y que se dedicó a concluir un relato que ya llevaba unos días escribiendo. Entró allí entonces una hermosa joven parisina y se sentó en una mesa junto a la ventana a observar la lluvia caer sobre París. Y cuenta Ernest que él, en París, en un café de la Place Saint-Michel, la observaba a ella mientras ella observaba cómo llovía sobre París.

¿Podemos imaginar una imagen más literaria?

Por supuesto que podemos, pero ésta ya lo es bastante.

Obviamente, yo no creo que ocurriera así. Cuenta también Hemingway que en París fue muy pobre y muy feliz (Vila-Matas le replica que él fue muy pobre y muy infeliz; ¿y yo?, ¿qué puedo replicar?), de hecho Hemingway era más pobre -y también, me atrevo a suponer, más feliz- de lo que yo soy ahora en París. Y si tan pobre y tan orgulloso eres, lo primero que haces al llegar a París no es meterte en un café de la Place Saint-Michel (precisamente la Place Saint-Michel, la puerta de entrada al Barrio Latino, a la orilla del Sena, junto a Notre-Dame) y pedirte un crème que te puede robar en tan sólo unos minutos una importante parte de tu presupuesto para todo ese mes. O tal vez sí entró allí, quién sabe, yo mismo he hecho alguna estupidez cafeconómica similar durante estos meses.

Pero, obviamente, yo no creo que ocurriera así. Cuenta además Ernest que después pidió dos rones Saint-James, y después una docena de ostras (portuguesas) y media jarra de vino blanco. En un café de la Place Saint-Michel (hoy casi todos los cafés de París alardean de que allí escribía Hemingway sus cuentos; pero también Bolaño vivió aquí un tiempo, y también Auster, y también decenas de millones de personas de las que nadie, ni siquiera ellos mismos, han oído hablar; si hasta yo he llegado a París). No está mal para ser muy pobre.

No, no creo que ocurriera así. Pero dice también Ernest de aquella joven que entró allí en aquel café empujada por el azar o el descuido, era muy linda, de cara fresca como una moneda recién acuñada si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia, y el pelo era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en diagonal.

¿Podemos imaginar un párrafo más cursi?

Por supuesto que podemos, aunque éste ya lo es bastante. Yo, por mi parte, no creo que ocurriera así, porque Ernest comenzó a escribir esas palabras 31 años después de haber abandonado París, en 1957 (residió aquí de 1921 a 1926). Es más, me atrevo a asegurar que Hemingway no pudo llegar a pensar en esta estúpida metáfora antes de 1950. Nadie más o menos joven, pobre y feliz compararía nunca una cara linda y fresca con una moneda recién acuñada. Ni siquiera Ernest Hemingway. O tal vez sí ocurrió así, y Ernest guardó esas palabras y esa imagen y ese recuerdo de aquella joven imposible en algún papel o en algún enfermizo rincón de su mente, junto con el café, los rones, las ostras y el vino blanco.

Yo no creo que ocurriera así, pero lo cierto es que nada de esto importa. No importa en absoluto. Las palabras sí ocurrieron, aquí están, al menos por ahora. No importa si aquello ocurrió o no, no importa que Ernest lo imaginara o lo soñara borracho bajo la noche de París. No importa lo que quisiera decir ni cómo ni cuándo ni dónde escribió esas palabras. A la mierda la intentio auctoris. Importa que aquel encuentro, que aquella tarde de lluvia, que aquel espacio donde guarecerse, donde escribir, donde ver cómo entra inaccesible una hermosa joven de París, seguirá ocurriendo o pudiendo siempre ocurrir.

(¿No dije que por supuesto que podíamos imaginar un párrafo aun más cursi que el de Ernest?)

Importa, al fin y al cabo, la literatura.

Dijo también Ernest a un amigo, años después de haber abandonado París, si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue. Dice también Ernest, París no se acaba nunca.

Oh.

-> Hemingway, Ernest - París era una fiesta

Por Chemi | Literatura | Comentarios (2) | Referencias (0)

Comentarios

! TE FELICITO ¡
ERES EL MEJOR ESCRITOR QUE HASTA HOY HABIA LEIDO ME ENCATA TU FORMA DE EXPRESARTE, LA FORMA EN QUE JUEGAS CON LAS PALABRAS HACIENDO DE TU ESCRITOS ALGO RELMENTE GENIAL E INDESCRIPTIBLE.
NO TE IMAGINAS EL DESCONSUELO QUE YO HE TENIDO EN ESTOS DIAS Y AL LEE TU PALABRAS SENTI QUE MI ALMA VOLVIA A MI CUERPO ESPERO QUE CADA VES SEAS AUN MUCHO MEJOR

SANDRA MILENA CARVAJAL MOLINA | 03-10-2006 01:39:48

Vaya, gracias. Y también a Hada por su comentario.

Al leeros aquí siento no haber seguido escribiendo en este blog, aunque por supuesto que he seguido escribiendo. Sin embargo, ya no existe París sino Londres y ya no hay tiempo sino trabajo y más trabajo y cansancio. Sin embargo, por supuesto que hay tiempo y siempre hay que seguir escribiendo.

Chemi | 03-10-2006 12:39:41

Comentar


Recordar datos

LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009